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Carta abierta a la #GGJSevillaRES 

Por qué la #GGJSevillaRES ha sido EL EVENTO de videojuegos (según mi humilde criterio)

Clarisa Guerra Guerrero

El pasado fin de semana el ático del edificio Buenos Aires en República Argentina se llenaba de programadores, ilustradores y músicos. El motivo: espacio_RES acogía la primera Global Game Jam que se celebraba en Sevilla.

 

¿La primera qué?

OK. Todo empezó meses atrás cuando José Vázquez y Bea Castro, una pareja muy joven pero con bastante bagaje en el mundillo de la industria del videojuego en la ciudad, aparecieron por RES hablando de las bondades de unas cosas llamadas “game jams” y la intención de organizar una GLOBAL Game Jam en Sevilla:

– ¿Todo el planeta creando videojuegos sobre el MISMO tema?¿Durante 48 horas dices?…¿ininterrumpidas? pero entonces ¿no duermen? Ah, que algunos se traen el saco y se quedan a dormir en el mismo espacio, ahá. ¡Un momento!… pero si dices que la mayoría de los participantes suele ya trabajar en empresas de videojuegos ¿me estás diciendo que van a pasar su fin de semana libre haciendo LO MISMO?… ah, vale, vale, que “no es lo mismo” dices … entiendo…

Y aunque en ese momento la verdad es que no lo entendí del todo, luego tuve la oportunidad de comprobar que efectivamente no era lo mismo.

Removiendo cartuchos

Para ser honestos he de reconocer que últimamente mi relación con los videojuegos estaba bastante oxidada. Sin embargo no siempre fue así: Recuerdo cómo me quedaba  embobada mirando la pantalla de la mini televisión que tenían mis hermanos en su cuarto mientras avanzaban por las calles pixeladas del Double Dragon cargándose matones a dúo, ¡casi podía sentirme orgullosa de ellos! Me acuerdo de que no me dejaban estar presente cuando tenían que enfrentarse a algún “monstruo final” del Shinobi porque los desconcentraba con mis incesantes preguntas (con esa carga de profundidad que sólo un niño de unos 6 años sabe inyectar a sus preguntas).

Recuerdo la emoción que me invadía cuando mi hermano mayor me explicaba cómo jugar al juego de los Tiny Toones (y cómo me reía jugando con mi amiga Sara), al Aladdin, al Rey León o en general a cualquiera de la saga Disney y cómo el Sonic gigante de peluche que me regalaron por Navidad fue mi juguete favorito durante años. Resulta fácil rememorar el pánico que me daba presenciar una partida de Doom o de Alone in the Dark, pero cómo bajaba las persianas cuando no había nadie en casa para jugar intentando superar, sin mucho éxito, mis miedos en la más profunda oscuridad.

Pero revivir todo esto es fácil sólo ahora, después de este fin de semana. Y es que mi relación con los videojuegos se cortó justo a tiempo para pasarme el Monkey Island y el Día del Tentáculo allá por ¿1994?. Ese año mi hermano mayor (ahora informático) decidió independizarse llevándose consigo el único ordenador que había entonces en casa de mis padres. En ese momento flipaba con los gráficos, la música, las tesituras en las que te ponían y los misterios que te obligaban a resolver las aventuras gráficas y alucinaba con las posibilidades estratégicas del Age of Empires II o el Worms 2. Pero toda esa fascinación fue desapareciendo progresivamente de mi vida casi sin darme cuenta… hasta que un día se había esfumado por completo, dejando un vacío del que sólo he sido consciente después de este fin de semana.

Los mosqueteros de las ondas (o las olas)

Por eso la Global Game Jam ha sido tan brutal para mi. Porque además de reencontrarme y reconciliarme con mi pasado gamer, he vivido en primera persona el aluvión de creatividad cruzada y talento que supone la creación de un videojuego desde cero y hasta dónde puede llegar la imaginación a partir de una única palabra: waves, temática de la #GGJ17.

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Así, en cuestión de horas he tenido la oportunidad de pasar de ser un pequeño-salvaje-ciego-cazador en una isla remota, a una niña japonesa que trata de escapar de una invasión vikinga-extraterrestre interpretando las voces de diversos personajes. He escuchado historias fascinantes sobre diosas marinas que quieren vengarse de las ciudades más contaminantes del planeta a base de maremotos o croquetas que luchan por sobrevivir dentro de un microondas. Me las he ingeniado junto a Carlos Viola para ponerle la banda sonora a un par de viajes espaciales, uno de ellos protagonizado por naves con forma de aguacates y estrellas forma de nachos que acaban haciendo guacamole si el poder de atracción de éstas es demasiado fuerte y colisionan. He flipado con la capacidad de Tero Heikkinen de crear ambientes sonoros en tiempo récord y la de Francisco Cuadrado para encontrar el efecto perfecto (no todas las gotas de agua suenan igual 😉 )

Todo sin competitividad alguna, sin un mal rollo, todos para uno y uno para todos a vueltas con las ondas y las olas, protagonistas de esta edición, con la única presión de querer cumplir con el objetivo de las 48 horas. Y entre cafés, latas de Monster, botellines de Cruzcampo, paellas, toneladas de pizzas de Sloppy Joes y una comunidad que ya quisiera la del anillo, el surrealismo campó a sus anchas por los equipos hasta quedar plasmado en esos videojuegos que ahora mismo son una realidad que cualquiera puede descargar en su ordenador.

ggjSevillaRES

Así que sólo me queda dar las gracias a José y Bea por convencernos para alojar la primera de las que espero que sean muchas Global Game Jams en Sevilla y hacerlo todo tan fácil con su implicación y profesionalidad, gracias a los patrocinadores que se apuntaron in extremis y confiaron en la magia de espacio_RES, gracias a los mentores por dedicar su tiempo y experiencia sin esperar nada a cambio, a la Asociación Marco Luna por la inspiración y su contagiosa fuerza y por supuesto gracias a mis compis Carlos, Pilar y Pablo, la Plasita y Estudio Rana por hacer posible todo esto y todo lo que está por venir.

PD: Venga, ¡ya os podéis secar las lágrimas!

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