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Quimeras: una exposición para admirar el imponente y sutil poder de los insectos.

Miguel Soto, licenciado en Biología y estudiante de último curso de Bellas Artes en la Universidad de Sevilla (US), presenta mañana día 1 de junio ‘Quimeras’ en espacio_RES, una muestra en la que el artista ha tratado de plasmar y transmitir su ilimitada fascinación por el mundo de los insectos.quimeras_MiguelSoto

Abejas, escarabajos, gusanos y otras tantas especies de ‘bichos endémicos’ vistos desde una perspectiva totalmente nueva que mezcla figuración y abstracción a partes iguales. Así es Quimeras, una exposición firmada por Miguel Soto que podrá visitarse durante el mes de junio en horario de 10 a 18 horas en espacio_RES.

Miguel Soto, que se encuentra inmerso desde hace tres años en el mundo de la ilustración científica de la mano del catedrático de Zoología de la US José Carlos García Gómez, junto a quien está trabajando en un libro sobre biología marina, ha encontrado en Quimeras la manera de rendir homenaje a los “insectos de su infancia”, aquellos a los que pasaba interminables horas siguiendo, observando, pero sobre todo admirando, cerca de las Marismas de Doñana, mientras el resto de sus amigos daba patadas a un balón. Los mismos que le llevaron a embarcarse a estudiar la carrera de Biología para tratar de comprenderlos una decena de años más tarde.

 

Quimeras

Con Quimeras Miguel Soto quiere que todos podamos ver y comprender a estos animales de la forma que él lo hace, plasmando sobre papel y en tamaño macro de hasta 130 por 170 cm sus sorprendentes y casi imposibles mecánicas. “La realidad de los insectos es sólo viable en su escala, si la cambiáramos sería del todo imposible: Los escarabajos por ejemplo tienen una fuerza corporal que es 50 veces la de su propio cuerpo, la forma de volar de las abejas, su maniobrabilidad en el aire, la metamorfosis del gusano a mariposa… Todas esas fortalezas se le escapan a simple vista al ojo humano”, sugiere Miguel Soto, quien confiesa que con esta exposición quería representar una especie de homenaje a la naturaleza y lo que ésta ha logrado  tras siglos de evolución.

En su obra, formada por más de 20 cuadros que nos hablan en un lenguaje alternativo sobre cómo percibimos la naturaleza que nos rodea, encontraremos muestras de los trazos gruesos y desgarradores de la obra de Franz Kline, así como de las formas vaporosas y expresivas del pintor sevillano Antonio Agudo, y también nos será fácil hallar en ella composiciones propias de las primeras fotografías de Man Ray.

En palabras del propio autor, se trata de “un intento de representar gráficamente lo que realmente el ojo humano es capaz de ver cuando uno de estos minúsculos animales pasa por su campo de visión: Captar el movimiento que se aglutina en un segundo, congelar un zumbido, hurgar en la mezcla de sentidos…” Siempre en ese punto intermedio entre la figuración y la abstracción, los dibujos que conforman Quimeras son un lenguaje a tres entre la obra, el artista y el espectador. Un lenguaje que se escribe con lápiz, grafito, carboncillo o tinta, y que busca una comunicación fluida que permita hablar sobre esa imponente y desapercibida fuerza, sobre esa implacable belleza, que conforma el mundo de los insectos.

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